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Mostrando las entradas etiquetadas como Felicidad

El Hombre y la Montaña

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El Hombre y la Montaña Comenzó su camino. Sin mirar atrás, dejó el jardín que él mismo había sembrado en aquel recóndito lugar que terminó por robarle la luz. A veces toca soltar lo que amas para no morir en las sombras. Caminó hasta que los pies le sangraron, buscando un horizonte que no alcanzaba a ver. Entonces, se topó con ella... Una mole de roca negra y hielo que cortaba el cielo en dos. La lógica le decía que la rodeara. Que buscara el camino fácil, pero hay retos que se te meten debajo de la piel como una fiebre. El primer tramo fue liviano, entre hierba blanda y senderos limpios. Al tercer día, la pendiente se inclinó tanto que las rodillas empezaron a temblarle. El aire se volvió escaso, frío, un cuchillo en los pulmones. Miró hacia abajo. La tentación de rendirse y volver a la cómoda llanura era un demonio gritándole al oído. Pero la Montaña tiene una voz silenciosa. Una certeza te susurra cuando te apoyas contra la roca, exhausto, con los dedos agrietados: "Sigue... No...

Alfil a Reina

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 Alfil a Reina Por la tangente o la diagonal, Alfil miraba a la Reina. Aquella mirada de soslayo, sibilina calculadora y lejana que escondía tanto. Ella lo observaba esconderse tras las torres, montar a caballo, atravesar los campos a veces negros a veces blancos... Y en un momento le preguntó al Rey - ¿Es tan lejana e inaccesible la Reina? Este le respondió -  No es que sea inaccesible, tan sólo ella tuvo que escudarse en palabras, movimientos sutiles, y enviar un ejercito de peones a salvaguardar su dorado corazón. Si tanto interés tienes en ella, por qué no te acercas e intentas hablar con ella? A lo que le respondió al Rey - Siento que debo sortear un sin fin de pruebas, ir de lado sin que apenas me vea, ya que quizás, cuando se de cuenta, descarte mi presencia... Sabio el Rey le dijo - Tendrás que arriesgar... y aunque por un lateral te acerques, quédate a su lado, hazla saber que temer de ti no debe, que aunque tu apariencia sea de alfil, debes demostrarle que tu corazón...

Mi reloj

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  Mi reloj Tengo un reloj que un buen día enmudeció. Así se quedó impasible estático sin siquiera un triste tic o un lejano tac.  Tengo un reloj que en las noches de perpetuo silencio llenaba con su compás mis pensamientos. Es curioso mi reloj, hace unas semanas parecía que caminaba cojo, a trompicones entre las horas y los minutos, de unos días sin fin. Es caprichoso mi reloj, que en ocasiones me mira con sorna, marcando las horas imposibles de un día que no trascurrió.  Mi reloj es increíble, tras aquel anodino día en que me privó de su inconstante sonar, hoy me doy cuenta de que lo vuelvo a escuchar. Mi reloj es un portento, tras días callado, pensando en que ya era la hora de jubilarlo, ha vuelto a caminar.  Hoy su tictac resuena en la casa, ensordece mi silencio, trastoca mis pensamientos y aunque casi marque más de una hora adelantada, me alegra saber que no ha muerto. Hoy su constante palpitar me ha recordado que aunque pase el tiempo, se detengan las ganas, a...

13 Margaritas

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 13 Margaritas Pétalos deshojados, pétalos arrancados, pétalos desechados, uno a uno, sin piedad. Pétalos de anhelo, pétalos de desespero, pétalos consultados con mucho afán. Una ensoñación de deseos acumulados, deshojados sin perdón, eliminando la belleza de cada preciosa flor. 260 pétalos aproximados, arrancados uno a uno, preguntados con tesón, para que al final de cada flor nos dé una contestación. Quizás sea sí, quizás sea un no. Disfrutamos en cada tirón, por el simple hecho de encontrar una efímera respuesta, que puede ser o no, se ajuste a nuestra decisión. Cada día, dichos pétalos se desgranan en nuestra vida con la firme ilusión, de que todo salga bien, aunque a veces sea que no. 13 margaritas en 13 años, 13 margaritas de amor. Un amor que con los años... va cambiando de color. Algunas rojas, blancas o amarillas, casi no importa su color. Lo que importa es que cada día las deshojamos juntos tu y yo.

El balcón de tu sonrisa

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Me asomé al balcón de tu sonrisa, y por un momento quise precipitarme al vértigo de tu risa, aquella mirada ladina me robó un segundo la consciencia, no sabía si eras un ángel iluminando mi camino, o un demonio que me llevaría al infierno, el infierno de no estar a tu lado. Etérea, tu presencia a mi lado, pero a la vez tan sumamente intensa como para cerrar los ojos un instante y querer recordarlo toda una vida. Lo sé, o quizás no. Nunca tendré la certeza de aquellas palabras, aquellas preguntas sin respuesta, aquellas señales de humo que el viento se llevó. Y sin embargo, siempre, en el recuerdo tendré ese momento único que ilumina cualquier oscuro sentimiento.  Ese balcón al que siempre quisiera volver... Al balcón de tu sonrisa. 

Hoy siento frío

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Hoy siento frío Hoy siento frío a pesar del calor, hoy siento frío y es por no tener tu olor... por no sentir tus brazos al rededor mío por no sentir tu beso en el corazón.. El calor de tu último abrazo se disipa y quiero otra dosis de tu droga esa que me mantiene por segundos a salvo, con vida que me pone en tus brazos boba que me hace sentir pequeña porque lo mas grande es tu lazo, así vuelvo ser diminuta, sintiéndome a la vez grande a tu lado. www.felipa.es

El silencio encoge el alma...

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El silencio encoge el alma... si, y aunque parezca que no, el mantenerse callado, el no expresar con total libertad lo que uno piensa sin temor al qué dirán... encoge el alma. En muchas ocasiones me asalta a la memoria esa famosa frase que reza así: " Se dueño de tu silencio, y esclavo de tus palabras"... Cuántos de nosotros hubiéramos gritado al mundo un par de palabras, o hubiésemos dicho al que nos incomoda la vida cuatro verdades, sin embargo, nos sumimos en un prudente silencio, que al buen entendedor pocas palabras bastan.

Una sonrisa vale más que mil palabras

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Un pequeño gesto que puede cambiar muchas cosas... y no es que lo diga yo, por experiencia y por curiosidad realicé un experimento... El experimento, consistió en pasarme todo el día sonriendo, para descubrir qué pasaba, en qué influenciaba ese gesto en mi cara... Desde que me levanté me sonreí, después de lavarme los dientes también me sonreí, me sonreí al terminar de acicalarme y cuando salí a la calle sonreí... Caminé... y curiosamente la gente que me cruzaba me miraba y esbozaban una pequeña sonrisa , una sonrisa cómplice, una sonrisa cautiva, una sonrisa furtiva, sonrisas de todos los colores, pero en definitiva sonrisas... me eran devueltas sin apenas hacer nada... salvo sonreir , y entonces sentí como la vida me sonreía... Parecía como si un aura de color brillante me hubiera envuelto, parecía como si los pesares se hubieran deshecho... poco a poco me sentía más feliz. Y lo mejor de todo es que al entrar en ese estado, sin querer, lo que me rodeaba se volvía de una ene...